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viernes, 9 de agosto de 2019

Resurrecciones para todos | Avarnia Meridional - Reporte 24


Amanthos había muerto. Pero a un héroe no se lo puede matar solo con hacerlo morir. Los aventureros habían oído hablar de un estilita, un ermitaño que habitaba los desiertos cerca de Guzkalit, y que seguramente tendría el poder necesario para devolver a su compañero a la vida.

Sin más demora se dirigieron hacia allí y en efecto lo hallaron en la cima de una columna, meditando. Cuando pusieron el cadáver de Amanthos a sus pies, el estilita les dijo que había sido tocado por la mancha del Caos y que solo lo resucitaría si accedía a limpiar sus pecados ayunando todos los días de cuartas y acabando con Muerte-Que-Oculta-El-Sol, el dragón. Tifriq y Tawizu se ofrecieron a asegurarse de que estos votos eran cumplidos. Y con esto el ermitaño alzó su mano y la luz llenó  el cuerpo de Amanthos, haciendo que volviera a respirar. "Y recuerda que los dioses son misericordiosos, pero incluso su bondad tiene un límite".

Amanthos, que había sufrido una eternidad siendo frotado con un cepillo de cerdas de hierro (o eso decía haber visto), estaba bastante asustado con la experiencia.

Ya con todo el grupo reunido en Guzkalit decidieron buscar a posibles adoradores del culto de la dragona roja que pudieran estar ocultos en el oasis. Peptukin usó sus poderes de visión para distinguir el aura de los adoradores y vio que había varios haciéndose pasar por vendedores de grano. Siendo así, él trató de seducir a una de ellas mientras Amanthos se colaba en su campamento haciéndose pasar por vendedor de grano (para lo que incluso compró un esclavo a un tratante del que se habían hecho amigos) y descubría un libro que contenía sus horribles salmos.

Por la noche el grupo asaltó el campamento y acabó con ellos antes de que se dieran a la fuga, pero Amanthos por algún motivo tardó en llegar.

Continuaron hacia el este de todos modos, habiendo oído que Gakduk, la ciudad de los ladrones, estaba siendo infiltrada por adoradores del dragón. De camino decidieron enfrentarse a un par de lamias que habían visto antes volviendo de las tierras del profeta Nahadriz, para lo que el grupo de personajes se separó de su nutrida compañía.

Las lamias salieron a presentarles batalla y resultaron ser diez de ellas ayudadas por una tropa de otros hombres bestia. Los alguaciles, horrorizados, lanzaron una oleada de agua mágica a los hombres bestia, que resultaron ser una ilusión. Aun así las lamias los rodearon y comenzaron a destrozarlos. Si no hubiera sido por los cocodrilos aéreos (o pterodáctilos, como los llaman los sabios) que tenían cerca, no hubieran salido airosos. Amanthos acabó muy herido, Tifriq murió por sus propios poderes psíquicos y un lagarto gigante que habían llevado a la batalla fue destrozado por las lamias.

Malheridos decidieron continuar hasta el campamento de Nahadriz para rogarle que reviviera a su aliado caído. Y, hablando del rey de Tarya, un destacamento de sus tropas apareció en el horizonte. Escoltaron a los alguaciles y sus sacerdotes se apresuraron a darles alguna curación mágica a los heridos, pero cuál no fue su sorpresa cuando los poderes de uno de los sacerdotes quemaron a Amanthos, como si fuera un servidor del Caos.

[Carcajadas de fondo]
Los guerreros consagrados del profeta exigieron una explicación, igual que Tawizu. Amanthos se comprometió a explicarlo todo si lo seguían hasta su tienda, pues tenía algo que mostrarles. Dos guerreros y Tawizu fueron con él: se detuvo ante un cofre y dijo que tenía que llevar a cabo los encantamientos adecuados para poder abrirlo. Y, tras entonar y gesticular por una instante, desapareció: no se habían percatado de que en realidad estaban usando el conjuro de teletransporte.

Los soldados lamentaron no haber podido cazar a ese traidor, más aún cuando en el baúl no encontraron nada. Pero en un bajo fondo Tawizu halló una carta destinada a ella donde le decía que lamentaba lo que había hecho, pero que su experiencia cercana a la muerte le había empujado a consumar un pacto con la espada maldita, el Pez Espada del Mal, con el esclavo que había comprado en Guzkalit. Tawizu la apretó en su puño, jurando que atraparía a ese traidor.

Una vez más se ha cumplido la justicia del duque y sus tierras son ahora algo más pacíficas. Así Légobar, el juglar más rápido de Avarnia Meridional, se apresura a consignarlo en verso vulgar. Muchas gracias por leerme. Para más info sobre Avarnia Meridional consultad el índice de entradas. Valmar Cerenor!

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