sábado, 1 de abril de 2017

Sukero City Actual play (24)

Hola de nuevo, amigos, soy yo otra vez, Natsuki, el uniforme escolar parlante y vengo a hablaros de lo que ha pasado en lo que Kha llama "campaña de testeo de Sukero City". Bueno, en realidad, no soy un uniforme, sino el fantasma de una chica muerta que fue a parar a un uniforme que luego fue comprado de segunda mano... Es una larga historia. Pero si queréis seguirla bien, podéis echar un ojo al resumen de lo ocurrido hasta ahora que os hice hace ya casi un año.

Amanece una bonita mañana de jueves para Catherine, la chica mágica de lluvia (entre otras cosas), Valerie, la mocosa entrometida, y yo, Natsuki. Bonita por decir algo, porque llueve a mares. No había que ser un genio para predecirlo, siempre llueve en Semana Santa.

Eran las 8 de la mañana y Val estaba proponiendo no salir a correr esa mañana, como suelen...

-Cath: Podemos no salir a correr esta mañana. Pero eso quiere decir que vamos a tener que salir por la tarde.
-Val: Jo, pero está todo mojado.
-Cath: Oh, por el amor de Diox, Val. Hace un par de semanas quemamos a un horror espacial,  creo que podrás correr un poco con lluvia.
-Val: Ya, bueno, hoy estoy lacia...

... cuando de pronto oímo un golpe que viene de la ventana ("toc, toc") bastante fuerte. Pero la persiana estaba echada. Y nosotras, digo ellas, en pijama...

-Cath: Creo que me voy a vestir para decirle a quienquiera que esté detrás que vaya a follarse a un pez.

Lo que vio fue un caballo fuera, en un sexto. Un caballo azul que estaba pegando la cabeza al cristal y, por la imagen, podéis ver que lo del pez estaba mal encaminado.


Cath se volvió al paraguas mágico que la convirtió en chica mágica:

-Cath: Oh, come on. Murakumo, ¿es eso cosa tuya? Lo es, ¿verdad?
-Murakumo: Solo indirectamente.
-Caballo: ¿Eres tú Ame Miracle?
-Cath: Temporalmente.
-Caballo: Hemos venido a buscarte en nombre del Rey Dragón de las Nubes.

Y dijo "hemos" porque había otros cuatro con él. Además conviene recordar aquí que Cath se comprometió a ayudar al Rey Dragón y otros portadores de objetos mágicos de la lluvia a recuperar una perla sagrada en manos de un multimillonario megalómano.

-Val: Cath, ya tengo puesto el chubasquero.
-Cath: Val, puedes reconocer que tienes agujetas y tal. No es nada malo.
-Val: No las suficientes para impedir que monte en...
-Caballo: Hipopluvio.
-Val: Hipopluvio.
-Cath: En serio, se te da fatal poner excusas. Pero sí, venga, vamos en una mágica aventura.
-Val: ¡Yay!
-Cath: Eh, Natsuki, ¿te vienes? Vamos a caballos de agua.

Y yo dije "venga".

Con alguna dificultad salimos por la ventana y montamos a los caballitos en los que nos alojamos galopando sobre las gotas de lluvia.

-Cath: (a Val) Seguro que esto no le hace gracia a tu madre.

Mientras nos dirigíamos al mar, el hipopluvio sobre el que montaba Cath empezó a hacer plot exposition: "mi nombre es Orvralog y mi pueblo ha servido durante siglos al Rey Dragón. Ahora es nuestro deber enseñarte a montarnos para que podamos ayudarte en la misión de recuperar la perla sagrada. El Rey bendice nuestra búsqueda. Como es la tradición de mi pueblo, mi presentación dura menos de veinte minutos".

De lo que Cath inmediatamente trató de sacar provecho:

-Cath: Vale, pregunta: La misión del Rey Dragón va lenta y tengo muchas cosas a las que atender. No quiero ofenderos diciendo esto pero... Antes de que complete esa misión... Si os doy cobijo y os pago... digamos... azucarillos... ¿podríais cooperar conmigo en otras cosas?
-Orvalog: Nada debería tomar preferencia frente a recuperar la perla, pero haremos lo que sea para acelerar el proceso. No obstante, solo podemos salir cuando llueve y es necesario que superes una prueba para poder invocarnos.
-Cath: Puedo trabajar con eso.
-Orvalog: Bien entonces, vayamos pues a la caverna del desafío.

Val por supuesto no estaba prestando oído a nada de esto. Simplemente estaba gritando en tonos agudos con cara de "magic and miracles are real".

-Cath: Definitivamente vamos a correr mucho esta tarde.

Tras una vueltecita para aprender a cabalgar sobre ellos, los hipopluvios llevaron a Cath a una caverna abierta en un acantilado.

-Orvalog: Esta es una de nuestras cavernas sagradas: solo son visibles cuando llueve.
-Cath: Neat.
-Orvalog: Al fondo hay una gruta en la que crecen zafiros sagrados: con uno de ellos, podrás llamarnos a voluntad siempre que llueva. Tu prueba es coger uno y volver con él.
-Cath: Vale, dos preguntas:
1) ¿Alguna posible incidencia que tenga que tener en cuenta y de la que podáis hablarme sin desvirtuar la prueba?
2) ¿Pasa algo si cojo más de un zafiro?
-Orvalog:
1) Hay cosas peligrosas, pero son parte de la prueba.
2) Que sería muy maleducado por tu parte.
-Cath: Hm, vale, puedo trabajar con eso. Val, ¿quieres venir?
-Orvalog: No, debes ir sola. Pero tranquila, no tiene pinta de querer bajarse.
-Val: WIIIII

En la entrada de la gruta sacó su smartphone y empezó a investigar sobre los zafiros antes de adentrarse más. Por lo visto ese tipo de zafiro mágico puede usarse en sistemas de telecomunicaciones incluso interestelares. Con esta nueva información preguntó a Orvalog cómo funcionaría el zafiro para invocarlos y el hipopluvio le explicó que: "se engarza en un collar mágico especial para eso. Luego solo tienes que pensar muy fuerte en magia y milagros para que al menos uno de nosotros acuda".

Y así Cath se adentró en la cueva sagrada.

El agua cubría hasta los tobillos, pero al notar partes con agua más oscura usó uno de sus conjuros para que el agua del suelo se condensara y creara una llovizna en la caverna, revelando así un foso de tres metros que antes estaba inundado.

Evitándolo con cuidado siguió adentrándose por el túnel. Unos metros más abajo, vio al final una gruta iluminada por la luz azul de los zafiros, a la que decidió acercarse cautaleosamnte y lanzar La Piedra Que Siempre Da para comprobar que no hubiera trampas.

"Ay, me ha dado en el pie".

Y así vimos salir de la caverna a una figura imponente: dos metros de músculo azul. Era un señor con aspecto de ogro, vestido solo con un taparrabos y un tamiz metálico.

Cath inmediatamente le apuntó con su arco, pero él no lo consideró de demasiada mala educación. Debía estar acostumbrado.

-Achalesvara: Hey. Soy Achalesvara, el inamovible, y mi trabajo es probar a aquellos que buscan los zafiros.
-Cath: Y yo soy... bueno, no importa quién soy. Me mandan unos caballos y esta flecha está envenenada. Tengo ocho más. Y soy muy buena apuntando.
-Achalesvara: Ese es el espíritu.
-Cath: Podemos hacer esto de forma fácil o de forma difícil.
-Achalesvara: Tranquila, no seré muy duro contigo. Solo me han ordenado probar, no matar. Llevo ciento diecinueve años probando. Pronto seré liberado, pero hasta entonces...
-Cath: ¿Te retienen los caballos?
-Achalesvara: Es mi trabajo como elemental. Su Rey dragón me invocó.
-Cath: Ya veo... Entonces probablemente el veneno no funcionaría de todos modos.
-Achalesvara: (mientras apretaba los músculos) Puedes intentarlo.
-Cath: ¿La prueba es apartarte o hay algo más?
-Achalesvara: Un poco de sparring. "Tengo que comprobar tu fuerza, tu astucia y todo ese bla bla bla.
-Cath: Oh, vale...

Cath tenía un plan. Como también llovía en la caverna tras el elemental de lluvia, usó uno de sus conjuros que le permite proyectar una forma astral suya en un lugar donde llueva para aparecerse en la caverna del os zafiros, y con no poca dificultad agarró uno de los zafiros y se lo lanzó a sí misma por encima del hombro del elemental.

-Cath: Esto se vale, ¿no? Cuenta como astucia, supongo. Aunque es sobre todo magia.
-Achalesvara: A mí me vale. Bien jugado, niña.
-Cath: Gracias. Supongo que tengo todo lo que necesito entonces. Buena suerte con el año que te queda.
-Achalesvara: Por cierto, estoy planeando un viaje. ¿Qué tal suena Colombia?
-Cath: Ugh, no sé qué decirte. Demasiado inestable.
-Achalesvara: Sí, eso pensaba yo.

Y con esto Cath recogió La Piedra Que Siempre Da y volvió sobre sus pasos.

Al salir, los hipopluvios la felicitaron y lo celebraron. Orvalog echó su aliento mágico sobre el zafiro y apareció ya engarzado en un collar. Y tras llevarnos de vuelta a casa, se despidieron y se fueron. Val se quedó mirando por la ventana, nostálgica.

Gracias por leerme a mí y a Kha. Valmar Cerenor!

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