miércoles, 17 de octubre de 2018

Avarnia Meridional - Reporte 9

Si en el futuro la compañía del León y el Cocodrilo alcanza los libros de historia, este probablemente sea recordado como uno de sus capítulos menos brillantes.

Tras regresar victoriosos de la batalla de Llanancha y descansar por un tiempo decidieron volver a dirigirse al norte, a los altiplanos que conducen al resto de Avarnia, con el fin de volver a consultar al árbol sabio y viajar a través de las montañas hasta Akhravuz, la ciudadela de los enanos. Por supuesto pasaron otras cosas y no hicieron nada de esto.

Arguskar, el clérigo de piel negra, y Amanthos, el montaraz áratha, se habían adelantado hasta alcanzar el Descanso de Mellina, el caravasar que se encuentra antes del acceso a la meseta.

Por el camino Amanthos demostró una actitud bastante sospechosa hacia un onagro, pero Arguskar decidió no prestar demasiada atención a lo que claramente parecía un sacrificio. Después fueron emboscados, atacados y casi aniquilados por una banda de orcos bisoños, pero un milagro de la Ley los mantuvo con vida.

Al fin llegaron a su destino y esa noche exploraron la entrada a un subterráneo cercano donde sospechaban que habitaban minotauros. Tras encontrar una puerta cavada en la roca enmarcada con serpientes esculpidas decidieron dar la vuelta y reunirse con el resto de la compañía en el caravasar.

Entre ellos estaba Rorix, el enano, que había pasado un mes entero de juerga y no vio motivo alguno para no hacerlo también esa noche en concreto.

Así, pero en pequeñito.
A la mañana siguiente despertó con un dolor de cabeza y mojado. No solo de la borrachera, sino porque había roto la pila de agua bendita de la capilla, entre otros desperfectos. Pero esto solo lo vio después de escuchar a la multitud que aporreaba las puertas, exigiendo que saliera.

Abrió las puertas y la multitud trató de rodearlo cuando se interpusieron Amanthos y Tawizu, la princesa nómada guerrera. Mientras Tawizu echaba mano de su autoridad como alguacil y guerrera imponente para calmar los ánimos y no recurrir a la justicia popular, Amanthos hablaba por lo bajini a Rorix acerca de huir echando chispas a las colinas.

Tawizu: a ver, buenas gentes, ¿por cuánto pueden salir las reparaciones?
Rorix: estoy dispuesto a pagar lo que sea.
Aldeano aleatorio motivado: ¡500 monedas!
Rorix: ni loco pago yo eso, vámonos de aquí, Amanthos.

Y así ambos escaparon a lomos de la cabra de guerra del montaraz hacia las colinas de los minotauros. A medio camino se dieron cuenta de que, por supuesto, Rorix no llevaba ni sus armas ni armadura, para que no le dificultaran irse de fiesta.

Tras aclarar las cosas con el magistrado local, Tawizu y sus aliados (Tamnus, el explorador exbandido y dos úmiras azules que se le habían unido) se dirigieron también a las colinas a buscar a los dos alguaciles fugados.

Así, pero corneando al enano.
Estos estaban escondidos en una cañada, esperando a que llegaran sus compañeros y tratando de no ser descubiertos por ninguna turba, cuando de pronto, de entre la foresta emergieron no uno, sino seis enormes minotauros totalmente preparados para la guerra que los habían estado observando. Al otro lado de la cañada, Tawizu los miraba horrorizada.

Rorix fue el primero en caer, literalmente, al ser derribado de la cabra por un minotauro y partirse el cuello. Amanthos y otro de los úmiras azules también resultaron heridos, con lo que Tawizu resolvió a usar sus habilidades como jinete de camello para atraer a los hombres bestia mientras Tamnus daba un rodeo y rescataba como buenamente podía.

Y no solo eso, sino que además Tawizu consiguió llegar al galope al caravasar (a donde aparentemente se dirigían los horribles bovinos) y formó una pequeña defensa de guardias y caravaneros que consiguió hacer retroceder a las bestias en campo abierto y perseguirlas hasta darles muerte.

De modo que decidieron embalsamar al enano y una de las cabezas de minotauro, para poder llevar ambos fiambres a Akhravuz para que su hermanos enanos pudieran darle un entierro digno.

De modo que esto os sirva de lección: tirad más a menudo en la tabla de festejos, maldita sea.

Una vez más se ha cumplido la justicia del duque y sus tierras son ahora algo más pacíficas. Así Légobar, el juglar más rápido de Avarnia Meridional, se apresura a consignarlo en verso vulgar. Muchas gracias por leerme. Para más info sobre Avarnia Meridional consultad el índice de entradas. Valmar Cerenor!


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3 comentarios:

  1. Que locura de partida fue aquella, que despropósito... y no me explico aún como salimos vivos la mayoría e incluso matamos a los minotauros. Vaya bicharracos.
    Y todo por no pagar la multa, que cuando llegó el magistrado, era algo así como 30 monedas.

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  2. Quiero volver a ver esas puertas talladas de serpientes, 😈😈😈

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