martes, 28 de febrero de 2012

Ronderos: hombres de familia

Sepan vuestras mercedes que hoy trataremos un crucial tema en la vida del rondero; pues como es sabido ellos también son hombres, buscan el yantar y el yacer con fembra placentera, y de lo segundo solo pueden surgir vástagos y problemas. Con esto quiero decir, como ya habrán entendido los discretos, que los ronderos también pueden estar casados y tener hijos y de hecho es común en este nuestro Condado.

No tiene nada que ver, pero mola.

Es cosa acostumbrada que ya tengan mujer antes de dárseles la diatriba de "la ronda o la horca", con lo que sus dificultades aumentan teniendo que buscarse otros medios para mantenerla a ella y su probable prole, que quizá pasan por delinquir más. En otras ocasiones es la propia mujer la que se busca el pan y esto probablemente no sea del gusto del rondero, pues los trabajos que puede hacer una mujer en Ablaneda son pocos y casi todos deshonestos. Y más viéndose obligado el marido a vivir lejos de ella en los cuarteles de Yerbosera, dejando frío el lecho conyugal, lo que nunca ayuda al buen marchar de una pareja.

Y ya no hablemos de los hijos. Si son mayores de los ocho ya pueden trabajar, ¿pero en qué con su padre soportando la cruz de la Ronda? Si no tienen tierras propias, lo que no suele pasar si su padre se vio arrastrado al crimen, puede que ellos mismos sigan el mismo camino, acompañando a su padre involun- tariamente. Por lo que puede ser que un rondero se encuentre en la ronda con su padre, su tío, su primo, su hermano o incluso su abuelo... Que no cae la rama muy lejos del tronco.

En otras ocasiones es el rondero mismo el que lleva a su hijo a las patrullas para que lleve su mochila y de su padre aprenda el oficio de rondero. Son pocos los casos en los que un padre acepta enseñar a su hijo semejante oficio para el futuro, pero no le queda más opción teniendo en cuenta que todo padre está obligado a enseñar a trabajar a sus vástagos. A falta de nada mejor, un padre se ve obligado a compartir su escaso rancho con su hijo mochilero y a dejarle dormir a los pies de su cama en el cuartel, con lo que caben a menos chinches cada uno. Aunque sepan ustedes que la obligación paterna es laxa y muchos mal mantienen a su prole de esta manera.

Y esto último bien puede darse porque el rondero contrajera matrimonio mientras sirve al Condado. No está esto prohibido entre ellos, pero ciertamente no es recomendable por las ya conocidas penurias económicas a las que se ven sometidos.

Así que ya lo saben, buenos directores y jugadores de Ablaneda: no olviden que los ronderos son hombres de carne y hueso y que las pasiones bien les pueden.

Gracias por leerme. Valmar Cerenor!

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